CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 10 de octubre 2007

 

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

 

Queridos hermanos y hermanas:

San Hilario de Poitiers nació a comienzos del siglo IV. Crecido en un ambiente poco cristiano fue bautizado años más tarde, después de un camino de búsqueda de la verdad que lo llevó a la fe en Cristo, el Verbo encarnado, salvador del mundo. Posteriormente, fue elegido obispo de su ciudad dedicando toda su vida a defender la fe en la divinidad de Cristo frente a los arrianos, llegando a sufrir por ello el destierro. Entonces escribió un tratado sobre la Trinidad, en el que muestra cómo la Escritura da testimonio claro de la divinidad del Hijo. En otros libros interpreta también los sucesos del Antiguo Testamento como prefiguraciones de la venida de Cristo al mundo. El punto de partida de la reflexión de Hilario es la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, recibida en el bautismo. Dios Padre, que es amor, comunica plenamente su divinidad al Hijo. Éste compartió nuestra condición humana, de tal manera que sólo en Cristo, Verbo encarnado, la humanidad encuentra la salvación. Asumiendo la naturaleza humana, Él ha unido a sí a todo hombre. Por eso, el camino hacia Cristo está abierto para todos, aunque por nuestra parte se requiere siempre la conversión personal.

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Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En particular, a los distintos grupos venidos de España, México, Colombia y otros países latinoamericanos. Siguiendo la enseñanza y el ejemplo de san Hilario de Poitiers, pidamos también para nosotros la gracia de permanecer siempre fieles a la fe recibida en el bautismo, y testimoniar con alegría y convicción nuestro amor a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Muchas gracias.

 

VIS

 

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