CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 7 de noviembre de 2007

 

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL

Queridos hermanos y hermanas:

Dedicamos la catequesis de hoy al Padre de la Iglesia San Jerónimo, que tuvo como centro de su vida la Biblia. De familia cristiana, en Roma recibió una esmerada formación. Una vez bautizado se orientó hacia la vida ascética y partió para Oriente, viviendo como eremita en el desierto, donde perfeccionó el griego, estudió el hebreo y transcribió códices y obras patrísticas. De vuelta a Roma, el Papa Dámaso, lo tomó como secretario y consejero.

Muerto el Papa, peregrinó a Tierra Santa y Egipto, quedándose en Belén hasta su muerte. Allí desarrolló una intensa actividad: comentó la Palabra de Dios; defendió la fe, oponiéndose con vigor a los herejes; exhortó a los monjes; enseñó la cultura clásica y cristiana a los jóvenes; acogió a los peregrinos. Su gran aportación a la Iglesia latina y a la cultura occidental es la “Vulgata”, traducción latina de la Biblia basada textos precedentes. En su obra “De viris illustribus”, muestra la importancia de más de un centenar de autores cristianos. En su “Epistolario” se da a conocer como hombre culto, asceta y guía de almas.

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Saludo a los peregrinos de lengua española, especialmente a las Religiosas que participan en un Curso para Formadoras en el Instituto Claretianum; a los sacerdotes de Valencia, así como a los peregrinos de México y de otros países latinoamericanos. Dejémonos guiar por este sabio maestro del espíritu, tratando de aprender en la tierra las verdades que perdurarán en el cielo. ¡Muchas gracias!

 

 

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