CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 28 de mayo de 2008

 

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL

Queridos hermanos y hermanas:

San Gregorio, llamado Magno, es decir, “el Grande”, fue Obispo de Roma entre el año quinientos noventa y el seiscientos cuatro. Nació en Roma en el seno de una familia rica, noble, de fe firme y estrechamente vinculada a la Sede Apostólica. Entró en la administración pública y llegó a ser Gobernador de Roma. Sin embargo, al poco tiempo, dejó este cometido y se retiró a su casa para iniciar una vida monacal dedicada al estudio de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia. Por su experiencia y cualidades, el Papa Pelagio II lo nombró diácono y lo envió como su embajador a Constantinopla con el fin de afrontar los últimos residuos del monofisismo y obtener el apoyo del emperador para contener la presión de los longobardos. Posteriormente, el Pontífice lo llamó a Roma y lo nombró su secretario. Cuando el Papa Pelagio II murió, Gregorio le sucedió en la Sede de San Pedro. De su pontificado se conserva una copiosa documentación gracias al Registro de sus cartas. Junto a su intensa actividad pastoral, llevó a cabo una amplia labor de asistencia social. No obstante su precaria salud, que le obligaba con frecuencia a guardar cama, la santidad de su vida y la riqueza de su humanidad le ganaron la confianza de su grey, en la que tuvo una notoria autoridad moral.

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Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular, a los fieles procedentes de Alicante, Madrid, Sevilla y Navarra, así como a los venidos de Honduras, Brasil y otros países latinoamericanos. Que San Gregorio Magno os estimule con su ejemplo de santidad en el camino de la vida. Muchas gracias.

Fuente: Santa Sede
http://www.vatican.va


 

 

 

 

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