Papa Benedicto XV
(Giacomo della Chiesa)


Pontificado: Del 3 de noviembre de 1914 al 22 de enero de 1922.

Nació en Génova el 21 noviembre de 1854.

Estudió derecho.

Celebró su primera misa el 21 de diciembre de 1878.

Fué nombrado Arzobispo de Bolonia en octubre de 1907.

Pío X le consagró en la Capilla Sixtina, el 22 de diciembre de 1907.

La elevación a la púrpura fué en el consistorio del 25 mayo de 1914, último del Pontificado de San Pío X; le fue asignado el título presbiterial de los S. Cuatro Coronados.

La mañana del 3 septiembre de 1914 se anunciaba desde lo alto de la galería exterior de la Basílica de San Pedro, la elección de Giacomo Della Chiesa que, en memoria del otro Arzobispo de Bolonia elevado a la Cátedra de San Pedro, el Cardenal Próspero Lambertini, había tomado el nombre de Benedicto XV.

Le tocó sufrir la Primera Guerra Mundial.

En su primera Encíclica (Ad Beatissimi Apostolorum Principis: 1 noviembre 1914) se delinearon las primeras orientaciones de su Pontificado; en un mundo dominado y arrastrado por la fuerza, era necesario afirmar el derecho.

Benedicto XV tomó resueltamente la defensa de los oprimidos por el poder del más fuerte (Alocución consistorial del 22 en. 1915); por la negación de la libertad de los mares (7 mayo 1915); y por las deportaciones de los civiles (4 dic. 1916). Condenó la invasión de Bélgica, el hundimiento del Lusitania, el trato dado a las poblaciones civiles en los países invadidos por los alemanes.

Mira, más allá de la guerra, a los arduos problemas de la paz, empeñado con todas sus fuerzas en aliviar los sufrimientos de la guerra, el proyecto de una paz fundada en la justicia, sin vencedores ni vencidos; asegurada por el derecho de gentes y no por las armas.

A Él se debe la promulgación del Código de Derecho Canónico.

Promulgó la Constitución Providentissima Mater Ecclesia del 27 mayo 1917.

Murió después de breve enfermedad el 22 enero de 1922, ofreciendo su vida, como su predecesor, por la paz del mundo.

Débil de cuerpo, tuvo un gran ánimo, una inteligencia profunda e iluminada, y una esforzada tenacidad. Fue hombre de caridad sin límites; frente al sufrimiento humano, prefería equivocarse por exceso más que por defecto.

Una vena constante de humorismo le acompañó en todo su itinerario terreno, y al evocar su bondad noblemente generosa, incapaz de revestimientos, se refieren de Él episodios y palabras que le avecinan en nuestra humanidad más como hermano que como padre.

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