S. I. Catedral de Mérida, Yucatán, 20 de abril del Año de la Eucaristía 2005

 

ANTE LA ELECCIÓN DEL PAPA
BENEDICTO XVI
(Joseph Ratzinger)

HOMILÍA


Ante la gozosa proclamación de la gran noticia: “Tenemos Papa”, y con la aclamación popular en la Plaza de San Pedro al recibir su primer saludo: “Viva el Papa”, nos reunimos en el nombre del Señor por la designación del nuevo sucesor de San Pedro.

Muchos comentarios y especulaciones se han hecho por la figura del conocido Cardenal Joseph Ratzinger, que ha tomado el nombre de Benedicto XVI, al ser elegido Papa desde el día de ayer, 19 de abril, fruto del Cónclave recién concluido.

En realidad, como lo vivimos tan elocuentemente con S. S. Juan Pablo II, el Sumo Pontífice para toda la Iglesia y la humanidad entera es fuente y signo de unidad en Cristo, incluso desde los preparativos y realización de su elección. Así, con las ventajas que ofrecen los medios de comunicación se ha logrado captar la atención y el seguimiento de muchos a todo lo que ha ido ocurriendo para que el colegio de los eminentes Sres. Cardenales de la Iglesia católica hayan votado por el nuevo Vicario de Cristo en la tierra.

Movidos por el Espíritu Santo, quien ha dado lugar y feliz término a este procedimiento, como a todas las obras de la Iglesia, podemos repetir ahora llenos de júbilo: ¡Tenemos Papa!, ¡Viva el Papa!

Además el nombre seleccionado por el Santo Padre recién electo, lleva en sí un gran contenido histórico y espiritual, ya que se admira una larga trayectoria de otros Pontífices que asumieron la cátedra de San Pedro con el mismo nombre de Benedicto o Benito, que significa el que es bendecido por Dios. Como lo esperamos para él y a través de él a toda la comunidad eclesial y humana. ¡Bendito sea Dios y bendito el que viene en su santo nombre!

Lo relacionamos también con el gran promotor de la vida monacal y de la espiritualidad y cultura, como lo fue San Benito abad, quien enseñó a valorar la oración contemplativa, con el equilibrio entre la oración y el trabajo de cada día, dejándonos la proverbial frase latina de la meta más alta de la plegaria cristiana: “Ora et labora”, es decir, reza tanto tiempo cuanto trabajas. Así deseamos que el Papa Benedicto XVI nos conduzca a la contemplación más profunda y la acción más comprometida de la Iglesia en el mundo actual, sobre todo a favor de los más necesitados.

Tenemos presente que Papa Benedicto XIV, en el año 1754, confirmó el patronato de la Virgen de Guadalupe sobre el continente americano y aprobó la primera misa y oficio propios. Así deseamos que el nuevo Sucesor de San Pedro nos siga inspirando la confianza filial en nuestra Madre santísima.

Y recordamos que su antecesor más próximo con el nombre de Benedicto y la especificación de XV (1914-1922), le tocó afrontar la primera guerra mundial, con el empeño de ser promotor de la paz y de la unidad en el mundo. Así nos unimos con el nuevo Papa en la consecución de la paz de Cristo en nuestros días.
Tenemos un nuevo Papa, lleno de sabiduría, sencillez y fidelidad. Dios siga bendiciendo la sede de Pedro y nosotros continuar con él movidos por la invitación de Jesucristo a los apóstoles: “Remen mar adentro”.

Demos gracias a Dios por su infinito amor y por su bendición.

† S. E. Mons. Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
IV Arzobispo de Yucatán

† S. E. Mons. Ramón Castro Castro
Obispo Auxiliar de Yucatán

† S. E. Mons. José R. Palma Capetillo,
Obispo Auxiliar de Yucatán

 

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