Escrito por Mons. Rogelio Cabrera López    Lunes, 08 de Febrero de 2010 10:01    PDF Imprimir E-mail
Subir a la barca de Pedro

 

“Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar…No temas desde ahora serás pescador de hombres. Luego llevaron las barcas a tierra  y dejándolo todo, lo siguieron” (Lc 5, 1-11)

En este domingo del tiempo ordinario, la Palabra de Dios nos permite acercarnos a reflexionar sobre la actitud misionera que tenemos todos los bautizados.

El Señor, sigue buscando gente dispuesta para asumir la responsabilidad de anunciar que el Reino de Dios está presente y que necesita seguir extendiéndose.

La gente tiene hambre y sed de Dios, aun cuando hay muchas corrientes ideológicas que quieren separarnos de la fe, se sigue buscando a Dios: “la gente se agolpaba en torno suyo para oír la Palabra de Dios”.

Jesús nos enseña que la misión de anunciar la Palabra, es para todos. Cuando va de camino, ve a unos pescadores y los llamó, ellos estaban trabajando; estaban cansados; sin embargo, Jesús los llama, para que se conviertan en sus discípulos.

Jesús no llama a gente desocupada, a personas que no tengan nada que hacer. Preferentemente llama a quienes tienen sus propias responsabilidades y su cansancio propio de la vida y del trabajo.

Por eso, cuando en algunos católicos, la excusa para no comprometerse es: “yo no tengo tiempo”, o “yo no sé”. Sepan que la gente que se ha comprometido, no lo hacen  porque no tengan nada  trabajo o porque sepan mucho, sino porque entienden que tiene un compromiso bautismal delante de Dios. Jesús nos  llama, como a los discípulos, con el perfil de humildes y dispuestos.

Ser pescador de hombres, es la oportunidad de estar en la barca donde Jesús enseña y proclama la Palabra: la barca de Simón. Es la barca del trabajo arduo, pues han trabajado toda la noche, y aun cuando no han pescado nada, echan las redes en el nombre del Señor.  Es la barca de la confianza en Dios: “en tu nombre echaré las redes”.  También es la barca donde se sabe pedir ayuda, pues ante la pesca abundante, llaman a sus compañeros de otras barcas para trabajar juntos. Es la barca de la humildad y la adoración, porque al descubrir a Cristo, se postra y pide perdón: “Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador”.

Una vez más el Señor nos pide a todos, disponibilidad  para subir a la barca de la Iglesia, de la comunidad. Esta barca está presidida por el sucesor de Pedro. Todos los fieles junto con los diáconos, los presbíteros y los Obispos vamos con Pedro y bajo su guía en la misma aventura de la historia. Todos somos pecadores y pescadores. Esa comunidad eclesial que debe ir “mar adentro y echar las redes”. Tal vez no tenemos la experiencia de pescar, pero el Señor nos invita a subir a la barca, e ir con él para aprender.

 

+ Rogelio  Cabrera López
Arzobispo de Tuxtla

Actualizado ( Miércoles, 10 de Febrero de 2010 16:48 )
 
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