Escrito por Mons. José Fernández Arteaga    Miércoles, 01 de Julio de 2009 08:46    PDF Imprimir E-mail
Pronunciar el rumbo de nuestra historia

 

 A LA IGLESIA QUE PEREGRINA EN LA ARQUIDIÓCESIS DE CHIHUAHUA Y A LAS DEMÁS PERSONAS DE BUENA VOLUNTAD

Valor, optimismo y esperanza
Los tiempos difíciles postulan conductas precisas y comprometidas. El pesimismo, el miedo, el desaliento no pueden ser los motivadores de nuestro actuar.

 

Consciente de la distinción entre comunidad política y comunidad religiosa, base de sana laicidad, me preocupa el bien común de mi pueblo y, en especial, la defensa de principios éticos no negociables, ya que están arraigados en la naturaleza humana (cf. DA 504).

Vivir la oportunidad
Tendremos una oportunidad, el próximo domingo 5 de julio, para que estimulados por el precepto del amor, (Jn 13, 34-35) busquemos para nuestras comunidades (podríamos también decir distritos) el mejor enfoque de sus actividades, para lograr el bienestar que legítimamente y con todo derecho anhelamos.

Sana diversidad
Según el modo de ser de cada pueblo y la marcha de su historia, la comunidad política puede darse a sí misma las estructuras que mejor le convengan, pero esta estructura debe tender siempre a formar un hombre culto, pacífico y benéfico respecto a los demás, para provecho de la familia humana. Es por tanto, perfectamente conforme a la naturaleza humana que se encuentren cuadros jurídico-políticos que ofrezcan a todos los ciudadanos, siempre mejor y sin discriminación alguna, posibilidades concretas de tomar parte libre y activamente, sea en la determinación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política, sea en la gestión de los asuntos públicos, sea en la fijación de los campos de acción y de los límites de los diversos organismos, como también en la elección de los mismos dirigentes.

Derechos pero también deberes
Por consiguiente, todos los ciudadanos tienen derecho y al mismo tiempo, deber de emplear su voto libre, para promover el bien común. La Iglesia alaba y estimula la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio (Cf. GS nn 74-75; Juan XXIII, Enc. Pacem in Terris).

Proceso de la democracia perfectible
La verdadera democracia, que tiene como base una recta concepción de la persona humana, no sólo da a cada hombre la posibilidad de informarse y de expresar su opinión sino que lo compromete a una responsabilidad común; ofrece, además, esperanzas de un cambio en las, a veces frágiles, estructuras políticas sociales. Como Iglesia, apreciamos el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica.

Democracia cimentada en principios
No basta una democracia puramente formal, fundada en la limpieza de los procedimientos electorales, sino que es necesaria una democracia participativa y basada en la promoción y respeto de los derechos humanos. No puede haber democracia verdadera y estable sin justicia social, sin división real de poderes y sin la vigencia del estado de derecho (Ecclesia in América 56). Esto se hace realidad solamente cuando los ciudadanos son conscientes de sus derechos fundamentales y de sus deberes correspondientes. Son muy importantes los espacios de participación de la sociedad civil para la vigencia de la democracia, una verdadera economía solidaria y un desarrollo integral, solidario y sustentable.

El cristiano frente a las urnas
Antes de usar la boleta del sufragio, el cristiano va preparado a ejercer este deber en forma responsable. Tiene motivos objetivos para emitir su voto libre y deliberado. Está dispuesto a aceptar al que resulte elegido; y puesto que ningún elegido será capaz de cumplir sus responsabilidades y promesas solo: está comprometido a colaborar con el mismo. Todo esto no puede ir mejor "notariado" que por la fe en la presencia del Señor que todo lo ve. El cristiano sabe que “no hay autoridad que no provenga de Dios” “Por tanto, es preciso someterse, no sólo por temor al castigo, sino también en conciencia” (Cf. Rm 13, 1-8; Tito 3, 1). Dios acepta nuestro sistema, en estos tiempos el democrático, para presentarle nuestro candidato. Éste es un sufragio efectivo.

Al César lo del César
Para facilitar el cumplimiento de los deberes cívicos en el domingo de las elecciones, dispenso de la obligación del precepto dominical a los que tengan encomiendas que realizar, incompatibles con la obligación. Igualmente a los que por trasladarse a la casilla en la que les corresponda sufragar, tengan especial dificultad en el cumplimiento del mismo.

A Dios Rogando…
Para que podamos celebrar una jornada electoral tranquila y apacible, con toda piedad y dignidad, les recomiendo que hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias. Esto será bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador (1 Tm 2, 2). Pido estas oraciones, especialmente en las celebraciones vespertinas del sábado 4 y en todas las del domingo 5 de julio.

Con mis fraternales saludos, les deseo a todos un domingo, 5 de julio, verdaderamente día del Señor, en el que como cristianos, busquemos el progreso de nuestra Patria por caminos de paz. Recen por mí.

Su Obispo, hermano, servidor y amigo,

+ José Fernández Arteaga
Arzobispo de Chihuahua

 

Actualizado ( Miércoles, 01 de Julio de 2009 17:11 )
 
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