|
||||
| Pescador de hombres |
|
Hemos comenzado ya febrero, el segundo mes del año del Bicentenario 2010. Hoy llegamos al día 7 que corresponde en nuestra liturgia católica al domingo V del Tiempo Ordinario. La temática de este día trata de las vocaciones del apóstol Simón Pedro y del profeta Isaías y, de alguna manera, la del apóstol Pablo.
El evangelio está tomado de san Lucas (5, 1-11) y nos dice así: «Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar’. Simón replico: ‘Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes’. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: ‘¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!’ Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón: ‘No temas; desde ahora serás pescador de hombres’. Luego llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron».
En este hermoso párrafo del evangelio de Lucas se insiste en llamar a Simón Pedro por su nombre. Es el personaje principal después de Jesús. Se le menciona por su nombre para predecirle su futura profesión: pescador de hombres. El papel preponderante de Pedro en
La primera lectura de este domingo está tomada del libro del profeta Isaías (6, 1-2. 3-8) y nos presenta la vocación del profeta en un ambiente de una manifestación majestuosa de Dios contemplado por Isaías: «Vi al Señor, sentado sobre un trono muy alto y magnífico. La orla de su manto llenaba el templo. Había dos serafines junto a él que se gritaban el uno al otro: ‘Santo, santo, santo es el Señor, Dios de los ejércitos; su gloria llena toda la tierra’». Isaías se llena de temor porque se reconoce un pecador, un hombre de labios impuros que ha podido contemplar al Señor. Sin embargo, es purificado mediante una brasa ardiente que le lleva hasta los labios uno de los serafines, diciéndole: «Mira, esto ha tocado tus labios. Tu iniquidad ha sido quitada y tus pecados están perdonados. Entonces escuchó la voz del Señor que decía: ‘¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?’. Yo le respondí: ‘Aquí estoy, Señor, envíame’».
En la segunda lectura, tomada de la primera carta a los Corintios (15, 1-11), Pablo hace un relato bellísimo de su pasado vergonzoso de perseguidor de Jesús y de su Iglesia, así como su conversión y el llamado de Cristo para que fuera su apóstol y el gran esfuerzo que ha realizado para cumplir con pasión incansable la misión que le encomendó de anunciar el Evangelio.
Toca a nosotros admirar estas vocaciones ejemplares y cumplir nuestra propia vocación con entusiasmo y pasión, como lo hicieron estos personajes maravillosos que hoy analizamos.
+ Hipólito Reyes Larios
Arzobispo de Xalapa
|



