Escrito por Mons. Hipólito Reyes Larios    Viernes, 05 de Marzo de 2010 10:09    PDF Imprimir E-mail
La conversión es necesaria

 

Hemos llegado al día 7 de marzo de 2010, que corresponde al domingo tercero de Cuaresma en la liturgia de nuestra Iglesia Católica. En esta ocasión se nos habla de la necesidad de la conversión, es decir, del cambio de mentalidad, de dirección, de orientación de la vida, para estar preparados a cualquier eventualidad ante las catástrofes y ante los peligros constantes en una sociedad insegura y violenta como la nuestra.

 

El evangelio está tomado del capítulo 13, 1-9 de san Lucas y dice así: «Algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ‘¿Piensan ustedes acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no, y si ustedes no se convierten, perecerán de una manera semejante”.

 

Entonces les dijo esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en un viñedo; fue a buscar higos y no los encontró: Dijo entonces al viñador: ‘Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?’ El viñador le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré’”».

 

En la actualidad podríamos citar los constantes asesinatos, ejecuciones, asaltos, secuestros, levantones, extorsiones y toda la gama de violencia e inseguridad que padecemos en diversas partes de nuestra patria mexicana. También podemos referirnos a los terribles terremotos que han sacudido a nuestras naciones hermanas de Haití y Chile. Por eso, hoy Jesús nos puede decir: «¿Piensan que esas personas que han perdido la vida en estas catástrofes eran más pecadores que ustedes? ¿Creen que merecían eso?». Nuestro Señor Jesucristo quiere dejar claro que no hay relación directa entre infortunio y el pecado personal, como tampoco lo hay entre fortuna y virtud. Lo que sí hace es una invitación a no creernos seguros y confiados en nosotros mismos y a volvernos a Dios con arrepentimiento.

 

Por otro lado, con la parábola de la higuera, Jesús nos dice: «Ustedes se sienten seguros porque ven que su higuera está frondosa y tiene buenas raíces, pero se han olvidado que desde hace años no ha dado fruto alguno». La higuera no es una planta para sólo dar sombra sino para producir fruto. Si una planta no da frutos, parece que lo más adecuado es cortarla por su inutilidad. Sin embargo, Jesús tiene paciencia con todos nosotros y espera algo bueno en cuanto a frutos de conversión. Por eso, nos concede más tiempo para remover nuestro suelo personal y nos abona con su palabra, para que seamos productivos en frutos sazonados para su Reino y para nuestra propia salvación presente y futura.

 

En este tiempo especial de Cuaresma, Jesús nos invita a la conversión, a la reconciliación con Él y con nuestros prójimos. Nos incita a dejar nuestro estéril modo de vivir y a dar frutos de justicia, de bondad y de paz en nuestro agitado pueblo mexicano que celebra el bicentenario de su identidad nacional. También nos impulsa a realizar obras de misericordia en beneficio de los miles de damnificados tan frecuentes en nuestra época tanto en México como en otras naciones hermanas.

 

 

+ Hipólito Reyes Larios

Arzobispo de Xalapa

 
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