Escrito por P. Toribio Tapia Bahena    Viernes, 05 de Marzo de 2010 18:53    PDF Imprimir E-mail
Lectio Divina, Domingo 3º del Tiempo de Cuaresma: ¡Convirtámonos para dar fruto!

 

  1. Lectura

¿Con qué indicación temporal comienza Lucas? Si quieres saber a qué momento se refiere lee los vv. 54-59.  ¿Resuelve el texto la identidad de quiénes le llevan a Jesús la mala noticia? ¿Qué había hecho Pilato? ¿De dónde procedían los hombres de los que Pilato había mezclado su sangre con la de los sus sacrificios?

Analiza la pregunta de Jesús (v. 2): ¿A quién se dirige? ¿cuál es el punto de comparación? ¿cuál es la razón? ¿Cuál es la respuesta de Jesús? ¿Qué sucederá si no se convierten los interlocutores de Jesús? Si deseas saber quiénes son los interlocutores de Jesús lee 12,22 .41. 54; 13,1.

¿Qué otro caso introduce Jesús en el v. 4? ¿Cuántos habían muerto con el desplome de la torre de Siloé?  ¿Cuál es el tema central de la pregunta que hace Jesús? ¿Se parece o es diferente a la del v. 2? ¿En qué? ¿Cuál es la respuesta de Jesús? ¿Qué sucederá si no hay conversión?

Compara los dos casos ¿En qué radica su diferencia principal? Compara las preguntas de Jesús ¿en qué se distinguen?

 

Después de este doble caso ¿qué dijo Jesús? ¿Qué tenía el hombre de la parábola? ¿encontró fruto en la higuera? ¿A quién se dirigió? ¿cuántos años tenía que buscaba fruto en ella? ¿Qué le ordena el dueño de la viña al viñador? ¿Qué razón le da? ¿Qué suplica el viñador al dueño de la viña? ¿Qué plazo pide el viñador? ¿A qué se compromete en ese plazo? ¿Qué espera el viñador? ¿Si aún así no da fruto que hará el dueño de la viña?

Relaciona la suerte de la higuera con la de quienes no se conviertan que aparece en los vv. 3 y 5 ¿existe alguna relación? ¿cuál?

 

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Para comprender mejor este evangelio pongamos atención, en primer lugar, en el caso que plantean a Jesús unos personajes anónimos. Los soldados romanos del gobernador habían dado muerte a unos hombres durante la ceremonia del sacrificio, con mucha probabilidad, del cordero pascual[1]. La referencia a los sacrificios denota que estaban haciendo algo bueno; esto contrasta fuertemente con la desgracia que sufren a causa de la maldad de Poncio Pilato. Aunque este incidente mencionado por Lucas no aparece registrado en otros autores contemporáneos refleja algunas intervenciones violentas de Pilato; así, por ejemplo según el historiador Flavio Josefo, en cierta ocasión Pilato envió un destacamento de caballería y un batallón de infantería a una ciudad de los alrededores del monte Garizín para evitar que un grupo de samaritanos, a las órdenes de un cabecilla, subieran a su santuario en la montaña; en esa ocasión los soldados dieron muerte a algunos samaritanos e hicieron que el resto huyera. En otra ocasión Pilato tuvo la osadía de introducir en Jerusalén ciertas imágenes de los emperadores romanos grabadas en los estandartes de las legiones; los habitantes de la ciudad vieron este gesto como una clara provocación y organizaron una marcha de protesta hacia Cesarea del Mar.  Puede quedar también como último ejemplo el financimiento que hizo Pilatos con fondos del tesoro del templo para la construcción de un acueducto que llevaría el agua a Jerusalén[2]. 

En segundo lugar, debemos hacer alguna consideración del caso que el mismo Jesús plantea: la desgracia ocasionada por la caída de la torre de Siloé. Aunque es un caso no mencionado por otros escritos se refiere, con mucha probabilidad, a una de las torres de la primera muralla de la ciudad que, de acuerdo al mismo historiador Flavio Josefo[3], bajaba por la parte oriental, en dirección sur, y pasaba sobre la piscina de Siloé. Lo más importante en este segundo episodio es percibir el contraste del primer caso que le presentan a Jesús  con el segundo que él mismo refiere. El primero es una desgracia sufrida por unas personas a causa de la maldad de otra; éstos galileos no sólo eran inocentes sino presumiblemente buenos pues estaban ofreciendo sacrificios en el Templo. El segundo, un accidente sufrido por unas personas a causa de la caída de una torre. Tenemos dos casos que le servirán al Maestro para señalar la supuesta relación entre el pecado-culpa y la desgracia.

Por lo anterior podríamos considerar, en tercer lugar, la preguntas de Jesús con sus respectivas respuestas[4]. En el primer caso la pregunta gira en torno a si aquellos galileos eran más pecadores por haber sufrido la muerte en manos de Pilato; Jesús mismo da la respuesta: ¡claro que no! Sin embargo, les advierte que si no se convierten van a perecer del mismo modo. La pregunta-respuesta de Jesús deja claro que aquella desgracia padecida por sus paisanos galileos no era efecto de algún pecado que hubieran cometido; recordemos que en la antigüedad se pensaba que si alguien sufría una desgracia era a causa de los pecados que había hecho[5]. Al mismo tiempo que cuestiona esa creencia invita a percibir la desgracia padecida por otros como una invitación a la conversión.

En el segundo caso la pregunta recae sobre la culpabilidad; los muertos en el accidente de la torre de Siloé no eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén; pero si no se convertían perecerían del mismo modo.

En los casos se enfatizan dos problemas existenciales: ser pecador y ser culpable. Lucas utiliza el término pecador para referirse a personas que tienen una conducta inadecuada, en oposición al plan de Dios y a la vida de fraternidad entre las personas[6]. En el caso de ser culpable el tercer evangelista utiliza un término[7] que significa deudor, alguien a quien le falta remediar, solucionar o pagar algo. Las personas que mató Pilato no eran más pecadores que los interlocutores de Jesús; quienes murieron aplastados por la torre de Siloé no tenían más cuentas pendientes con Dios que que los habitantes de Jerusalén.

De este modo, Jesús está dejando claro que, ni la desgracia provocada por la maldad de alguien, ni los accidentes –en muchas ocasiones inexplicable- son señal de que quienes mueren son más pecadores o culpables que los sobrevivientes. Esto es parte del misterio inexplicable del mal. La desgracia –explicable o no- debe servir para que quienes sobreviven recapaciten. Es aquello de que “hay que aprender en cabeza ajena”.

En cuarto lugar, el evangelio introduce en estrecha relación con los vv. 1-5 la parábola de la higuera estéril (vv. 6-9). Cada uno de los casos anteriores había terminado con una intervención de Jesús en la que enfatizaba: “y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo” (vv. 3. 5); es aquí donde se ubica la relación con la parábola de la higuera estéril. La higuera correrá la suerte de ser cortada si no da fruto pues ha tenido el tiempo suficiente para hacerlo[8]; al no dar fruto está ocupando el terreno de manera ociosa, estérilmente; más aún, al ocupar la tierra inútilmente estaba dañando el terreno para los árboles que realmente si daban fruto.

Ahora bien, la parábola es optimista: el responsable de la viña no sólo tiene un plazo sino el tiempo suficiente para que dé fruto la higuera, un año. Además aquel cuidador se ofrece para hacerle un cajete y ponerle abono. Cualquier persona que viva en el campo, incluso los que no hemos tenido la suerte de estar en contacto con él, sabe que con un cajete y abono es prácticamente imposible que no se dé fruto; el lector atento termina con un sentimiento de esperanza[9].

Por último, el evangelio ha introducido en 13,1 una indicación temporal: “en aquel mismo momento…”; esta referencia está relacionada con los versículos inmediatamente anteriores en los que se habla de los signos de los tiempos  y de lo importante que es evitar problemas innecesarios (12,54-59) en los que la pregunta central es “¿por qué no juzgan por ustedes mismos lo que es justo?” (v. 57).

Desde lo anterior podemos decir que el evangelio de Lucas aborda el tema del mal sufrido por personas inocentes a causa de la maldad de otros o de accidentes para enfatizar que éstas no sufren porque sean peores o más malas que otras que sobreviven. El tercer evangelio elimina esa relación facilona que hacen los seres humanos entre pecado (culpabilidad) y desgracia. Es cierto que el mal del inocente es difícil explicarlo; sin embargo, algo queda claro: muchas desgracias y  accidentes no tienen su origen en la maldad del hombre que las padece sino en el entorno en que vive y en quienes lo rodean. Por esto, el evangelio da a entender que aquellos acontecimientos en lugar de hacer pensar a los interlocutores de Jesús en los pecados de los ya fallecidos tenían que enfrentarlos consigo mismos, con sus propios pecados. Había que lamentar aquella desgracia al mismo tiempo que tener la seguridad de que eso no les había sucedido a causa de sus pecados; sin embargo, los que habían quedado vivos tenían un tiempo precioso para convertirse.

En la perspectiva del evangelio la conversión de las personas que sobreviven a desgracias, accidentes e injusticias debe garantizar que haya menos situaciones doloras para las demás personas. En este sentido, la sola contemplación de la desgracia es inútil; el evangelio invita a la conversión porque confía que cada persona convertida realmente transforme su entorno de tal manera que cada vez más se vayan evitando sufrimientos de personas inocentes.

            Las desgracias y accidentes no son señal de que quienes las padecen tengan más pecados; no sufren más los pecadores que los buenos. Por eso, tenemos que aprender a ver la realidad con ojos de fe para que ésta se convierta en una invitación permanente a la conversión. Es cierto que no tenemos la completa seguridad de que al convertirnos evitaremos accidentes o desgracias pues no todo depende de nosotros. Sin embargo, aunque la conversión no elimina todos los problemas ni nos hace invencibles ante las desgracias, sí nos prepara para afrontarlos/as adecuadamente; además, en la medida que nos convirtamos estamos evitando también desgracias y agresiones para la gente que nos rodea[10]. 

Para terminar, según este evangelio la conversión no es un asunto individual. Dar fruto debería ser algo normal; no hacer el bien es estar perdiendo el tiempo. Sin embargo, si en ciertas ocasiones la persona se ha descuidado en la producción de frutos siempre es tiempo de poner los cuidados necesarios y comenzar a producir.

 

  1. Meditación

¿En qué aspecto de la conversión me invita este evangelio a reflexionar?

¿Qué me dice en este tiempo especial de cuaresma en que la Iglesia nos invita a que seamos realmente mejores?

Reflexionemos en la necesidad  de conversión que tenemos; si no somos mejores ¿qué desgracias podemos ocasionar en la gente que nos rodea?

 

  1. Oración

Agradezcamos a Dios el esfuerzo de muchas personas que, al convertirse, han sido cauce de bendición para nosotros.  

Pidámosle que nos perdone las ocasiones en que por no ser mejores y convertirnos a tiempo les hemos provocado desgracias a las personas con las que convivimos diariamente.

Roguémosle que nos ayude a reconocer que si no damos frutos y si no nos arrepentimos sinceramente cambiando de comportamientos provocaremos desgracias en las gentes más cercanas a nosotros.

 

  1. Contemplación

Hagamos una lista de algunas desgracias o accidentes que ha habido en nuestra comunidad, familia.... Preguntémonos ¿cómo debemos verlas para que nos ayuden a convertirnos? ¿Podrían haberse evitado algunas de ellas si desde hace años hubiéramos tomado con seriedad la conversión?

¿Cuál es el principal problema en nuestra familia, parroquia, colonia...? ¿en qué urge que nos convirtamos para atacar de raíz tal situación?

¿En qué necesitamos poner más cuidado para comenzar a dar mejores frutos?

P. Toribio Tapia Bahena

Diócesis de Cd. Lázaro Cárdenas

Dimensión para la Animación Bíblica de la Vida Pastoral (CEPP – CEM)

 

 

 

 

 



[1] Es posible deducir esto porque los sacrificios (en griego thysiai) debían ofrecerse en Jerusalén; concretamente en el atrio de los sacerdotes del templo.

[2] El historiador Flavio Josefo cuenta estos episodios en Antigüedades Judías XVIII, 4, 1 nn. 86-87; Guerra de los Judíos  II, 9, 2 nn. 169-174; II, 9, 4 nn. 175-177.

[3] Guerra de los Judíos V, 4, 2 n. 145.

[4] En ambos casos la respuesta incluye una pregunta que pide una respuesta negativa que es dada por Jesús de manera contundente junto con una afirmación precedida por una condicional.  

[5] Véase, por ejemplo, Job 4,7; 8, 4.20; 22,5; Ex 20,5c; Jn 9, 2-3. En otras ocasiones (véase Lc 5,8) se identifica al pecador con la persona que, al reconocer y asumir sus limitaciones y fallas, está en posibilidades no sólo de acercarse al Señor sino de servir como discípulo.

[6] Véase por ejemplo: Lc 6,32; 7,37.39; 19,7; 24,7 (en el caso de 13,2 el sentido es ambiguo).

[7] En griego ofeiletes.

[8] Cualquier persona de campo sabe que si una planta frutal no da fruto en tres años algo raro sucede o de plano la planta esta ocupando el terreno inútilmente.

[9] A Lucas le gusta dejar las parábolas abiertas (15,11-32; 16,31; 18,5 entre otras).

[10] Si Pilatos no hubiera sido malo no habría ocasionado aquella desgracia para los galileos ni sus familiares y amigos; si aquella torre la hubiera construído gente responsable seguramente no se hubiera caído...

 
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