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| III Domingo de Cuaresma, Domingo 7 de marzo de 2010 |
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Resumen de la Homilía pronunciada por S.E.R. Mons. Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, LC
“Y si ustedes no se convierten perecerán de la misma manera”
Queridos hermanos y hermanas:
Dios Nuestro Señor de muchas maneras y en muchas ocasiones habló a nuestros padres y nos sigue hablando a nosotros, a través de la conciencia, de los acontecimientos, de los sacerdotes, de las palabras que Jesús nos hace llegar a la corazón.
En ese tercer domingo de Cuaresma, la palabra del Señor nos recuerda que Dios se manifestó la pueblo de Israel, a Moisés, a los profetas. Cuando Moisés se acerca a la zarza ardiente, allí le reveló los sentimientos de su corazón porque había escuchado el clamor de su pueblo Israel. Y Él se revela con su nombre: “Yo soy”. Moisés tuvo entonces una revelación muy especial de Dios. En la segunda lectura, nos dice San Pablo que Dios también se reveló les habló a los hebreos con el paso del mar rojo, cuando fueron custodiados por la columna de fuego, con el poder de Dios, lograron escapar del faraón y su ejército. Estos son actos beneficiosos, milagrosos, que hace que su pueblo subsista y crea a pesar de las adversidades. De esta manera milagrosa es fácil reconocerlo. Pero a través de los acontecimientos difíciles o catastróficos no logramos reconocerlo. En el evangelio, Jesús pregunta sobre estas catástrofes, como cuando la torre de Siloé cayó sobre algunos galileos: ¿era porque eran más pecadores? ¿Acaso el terremoto de Haití fue porque se consagraron al demonio hace 200 años? ¿Por el vudú que realizaban algunos de ellos? ¿El terremoto de Chile lo mismo, es un castigo? Es fácil interpretar mal estas catástrofes de manera milenarista, pensando que el fin del mundo ha llegado. Pero Cristo nos invita a mirar de diversa manera estos acontecimientos. No hay que pensar de esa manera sin esperanza.
Todo esto sucedió como un ejemplo para nosotros, como advertencia, para nosotros que vivimos en los últimos tiempos. Una lección debemos sacar de estas tragedias que pasan en todo el mundo: inundaciones, terremotos, tsunamis. Estas lecciones de Dios son para convertirnos a Él, de lo contrario pereceremos de la misma manera. Como la parábola de la higuera estéril de la que nos habla Jesús, en donde el dueño del campo le pide al trabajador cortar una higuera que no da frutos. Hay que darnos cuenta que en 35 segundos el techo de nuestras casas pueden caerse y quitarnos la vida. La vida es fugaz, se puede ir en cualquier momento. Por tanto, no hay que ocupar la vida inútilmente. Nuestra vida estéril, sin frutos, se va rápido y no tiene sentido. Pero en el tiempo que estamos aquí no debemos producir, hojas, raíces, sombras, en cambio debemos producir frutos. No sólo follaje, vanidad, apariencia. Dios nos pide frutos: frutos de ayuda, de caridad, del cumplimiento de los mandamientos de Dios. No murmuren, nos pide Jesús, sobre las catástrofes de los demás. Las cosas que suceden son lecciones de Dios, para cuestionarnos: ¿qué haces con tu vida? Realiza cosas buenas. ¿Qué estás ganando para la vida eterna? ¿cómo estas usando tu tiempo? Jesús viene a buscar frutos: hay que remover la tierra, echar más abono a nuestra vida para ver si da frutos.
Hoy es el día Nacional de la Familia, hay que pedir por las familias para que como la higuera, recobremos los valores como la obediencia, el respeto, la abnegación, el sacrificio, superar los caprichos para comprender el valor de las cosas. Enseñar a los hijos, desde pequeños estos valores cristianos. Así cuando se necesite sacrificarse en la vida lo puedan hacer. Que sean capaces de decir no, cuando es no. Que aprendan a compartir. Jesús nos enseña estos valores, de la abnegación, del sacrificio, nos enseña a ser misericordiosos, compasivos, que todo favorezca a la familia. El Gobierno, instituciones, la Iglesia misma valore la familia, según el plan de Dios revelado en el Génesis. Vamos a pedirle al Señor que conservemos la familia que Dios quiere, los valores que él espera en nuestra familia, que serán los frutos que Dios espera de nosotros. Así sea.
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