Escrito por Mons. Mario De Gasperín Gasperín    Martes, 27 de Julio de 2010 14:02    PDF Imprimir E-mail
Ordenación sacerdotal en Jalpan de Serra

 

Hermanos Presbíteros

Hermanas y Hermanos en nuestra santa fe católica:

 

1. El 25 de Julio, solemnidad del Apóstol Santiago, he venido, como todos los años, a honrar al santo Apóstol, patrono de este lugar y a hacerlo, en esta ocasión, confiriendo el sacramento del orden Sacerdotal al diácono José Miguel Castillo Vega, hijo de esta parroquia y paisano de ustedes.

Lo hago con gusto para agradecer a los habitantes de esta hermosa Sierra queretana, su fidelidad a la santa Iglesia católica, su amor a sus Sacerdotes y su apoyo generoso a nuestro Seminario, donde se forman los sacerdotes. Ahora también agradezco a la familia Castillo-Vega el haber dado un hijo al servicio de la Iglesia.. Demos gracias a Dios y disfrutemos de sus bendiciones.

 

2. Acabamos de celebrar el Año Sacerdotal, proclamado por el papa Benedicto XVI para agradecer a Dios el regalo del sacerdocio cristiano que brotó, como nos lo recordó citando San Juan María Vianney, del corazón de Cristo en la cruz. Todo sacerdote es un regalo del Corazón de Jesús y de Dios Padre para sus hijos, pues por sus manos suelen pasar las bendiciones del cielo, comenzando por la fe del Bautismo, el Pan santo de la eucaristía, el Perdón de los pecados y las gracias que necesitamos para nuestra vida cristiana. El Sacerdote es el que va adelante en el seguimiento de Cristo para servir a los fieles en las cosas que miran a Dios y puedan obtener su salvación.

 

3. Aunque ordené al padre Manuel Balderas en Purísima y a otros en Concá, sin duda que para la mayoría de ustedes es la primera vez que participan de una ordenación sacerdotal; por eso, voy a explicar brevemente el desarrollo y significado del rito de la Ordenación.

 

4. + Presentación. En primer lugar, el padre Rector del Seminario, responsable de su formación, presenta el candidato al señor Obispo y le pide que lo ordene sacerdote. El señor Obispo quiere garantías de su idoneidad para el sacerdocio,, y le le pregunta “¿sabes si es digno?”, si se ha preparado convenientemente para esta dignidad y servicio en la Iglesia. Al afirmarlo el padre Rector, el señor Obispo lo acepta, y todos damos gracias a Dios.

 

5. + Profesión de fe católica. Luego el candidato hace su profesión de fe, recitando el Credo y jurando transmitir la fe de la Iglesia, que es lo que debe enseñar. El sacerdote no inventa teorías ni difunde sus opiniones personales, sino que enseña, con la autoridad de Jesucristo, lo que Jesús enseñó a los Apóstoles y la Iglesia nos ha trasmitido siempre. Ustedes pueden estar seguros de que sus sacerdotes les enseñan el camino de la salvación; deben, por tanto, escucharlos y obedecerlos en los asuntos de la fe católica.

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6. + Promesas. Hace a continuación sus promesas sacerdotales. Reafirma su compromiso de guardar el celibato, es decir, de no contraer matrimonio y guardar la virtud de la castidad siempre y para siempre, de modo que pueda entregar su vida totalmente al servicio de sus hermanos, a ejemplo de Jesús. También promete observar todas las leyes y normas de la santa Iglesia que, como Madre solícita, nos manda las cosas que debemos cumplir y observar para la buena marcha de la comunidad. En la Iglesia debemos  caminar unidos y con orden, y no buscar cada uno sus gustos: Hay normas para el Bautismo, para la Misa, para los Sacramentos y para la vida pastoral. El sacerdote las debe cumplir, para así servir mejor a los fieles. Finalmente el candidato hace la promesa de obedecer a su Obispo diocesano. El sacerdote es colaborador del Obispo para el servicio de la Diócesis, y debe ir a donde lo envíen. Nadie se ordena sacerdote para una sola parroquia. Todos en la Iglesia estamos sometidos a la obediencia de un superior, a ejemplo de Cristo que obedeció al Padre celestial. Un buen sacerdote, como un buen cristiano, sabe obedecer.

 

7. + Interrogatorio. El Señor Obispo y la comunidad necesitan escuchar de viva voz el deseo del candidato a consagrar su vida al servicio de sus hermanos; por eso le pregunta si sabe que el sacerdocio es para siempre, si se compromete a predicar el santo Evangelio, a enseñar la doctrina cristiana, a celebrar dignamente los santos Sacramentos y a orar por la santa Iglesia… Es importante que todo mundo sepa que nadie se ordena sacerdote a fuerzas; que todo sacerdote lo hace libremente y así ofrece su vida como ofrenda agradable a Dios.

 

8. + Invocación a los Santos y al Espíritu Santo. Todo esto es gracia de Dios. Por eso invocamos, primero, a todos los Santos del cielo, cantando las letanías, pues necesitamos de su intercesión, ya que ellos cumplieron su voluntad y ahora, triunfantes, interceden por nosotros en el cielo; y, después, invocamos al Dador de todos los dones, al Espíritu Santo. Él hizo que el Hijo de Dios se hiciera hombre en el seno de la Virgen y después llenó el corazón de Jesús de su amor para que se ofreciera al Padre en la cruz por nosotros, como nuestro Sumo Sacerdote. Esto lo hace el Señor Obispo en silencio, con la imposición de sus manos, y después con una solemne oración, que escucharemos con devoción. Es el Espíritu Santo el que confiere el Don del Sacerdocio mediante la actuación del Señor Obispo. Son cosas grandes y maravillosas de Dios que sólo comprende el que tiene fe.

 

9. + Unción y ofrendas. El recién ordenado Sacerdote-Presbítero se reviste de las vestiduras sacerdotales, recibe la unción con el santo Crisma en sus manos, para que tenga la fuerza de Dios de santificar al pueblo cristiano, presentar las ofrendas de los fieles, el pan y el vino, y ofrecer dignamente el santo Sacrificio; por eso, debe configurar su vida con el misterio de la Cruz del Señor. Un sacerdote es el buen olor de Cristo en el mundo, esparciendo el perfume de una vida santa; y un Cristo viviente, llevando siempre la Cruz del Señor. Es un hombre crucificado con Cristo que comunica la vida de Dios.

 

10. Hermanas y hermanos: Vamos a participar en un gran misterio de nuestra fe, viendo cómo Dios viene a nosotros y, por medio de hombres débiles y de acciones sencillas, nos sale al encuentro y nos ofrece un nuevo ministro de salvación. Aquí nacerá para ustedes un Sacerdote del Señor. Todo es gracia y regalo de Dios. Ahora es tiempo de agradecer y tiempo de suplicar con humildad al Señor que nos mire con misericordia y que aparte de nosotros el poder de Satanás, el enemigo de Dios y del género humano; que no nos falten sacerdotes en nuestras parroquias, que tengamos sacerdotes santos, salidos del Corazón de Jesús e iguales a Él; y que no nos falte también el auxilio de un sacerdote en la hora de nuestra muerte.  Amén.

 

+ Mario De Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

Actualizado ( Jueves, 29 de Julio de 2010 18:20 )
 
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