Escrito por Mons. Fernando Mario Chávez Ruvalcaba    Viernes, 30 de Julio de 2010 16:56    PDF Imprimir E-mail
“Y los bienes que acumulaste en tu vida… ¿Para quién serán?

 

Homilía XVIII Domingo Tiempo Ordinario Ciclo C

 

1.-  INTRODUCCIÓN.

 

En este domingo la Palabra de Dios nos hace un planteamiento fundamental acerca de los bienes que se adquieren en esta vida y que según el evangelio de Cristo, no definen el ser del hombre, debido a su transitoriedad e inconsistencia. El hombre debe valer,  no por los bienes que posea, sino por lo que es ante Dios, ante sí mismo y los demás, de acuerdo a los criterios de verdad, justicia y caridad establecidos por Dios.

Dios es el fundamento de todos los bienes que los hombres puedan poseer. Los hombres participamos de esos bienes, pero usándolos para la gloria de Dios y el bien de los hermanos. Los bienes terrenos de toda índole, se deben usar tanto cuanto nos ayuden a conseguir una vida feliz para ser servidores de Dios y de los prójimos y con ello alcanzar la felicidad eterna, después de nuestra muerte.

 

2.-  LA ENSEÑANZA DEL LA PALABRA DE DIOS ACERCA DE LOS BIENES TERRENOS.

 

La lectura de la Carta de San Pablo a los Colosenses, claramente nos enseña con toda sabiduría: “Ya que han resucitado con Cristo, aspiren a los bienes de arriba, no a los de la tierra…den muerte a todo lo terreno que hay en ustedes: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría…Despójense de la vieja condición con sus obras, y revístanse de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador”.

 

Esta enseñanza de ninguna manera desprecia los bienes que se puedan tener y acumular como fruto del trabajo honesto, pero el evangelio nos dice que lo que poseamos en este mundo es para crecer en amor, capacidad de servicio y entrega a Dios y a los demás, procurando la justicia, el progreso integral para todos y cada uno de los que habitamos en este planeta. Cristo destierra la ociosidad y la incuria; Cristo trabajó con sus discípulos para no ser carga de nadie. Los milagros de Jesús se ordenaron para procurar el bienestar de los hombres caídos por el pecado, en la ambición egoísta, base de la soberbia y la avaricia, cerrando literalmente el corazón humano y haciéndolo insensible al bien que todos y cada uno debemos procurar para vivir como hijos de un mismo Padre, hermanos de Cristo, el primero entre muchos hermanos y animados constantemente por el Espíritu Santo, quien reparte libremente sus dones a todos y según la correspondencia de cada quien.

 

Cristo nos da hoy, la parábola del hombre rico quien egoístamente pretende ensanchar sus graneros juntando abundantemente sus cosechas y todo lo que tenía…para darse a la buena vida, ya sin preocupaciones, fatigas,  ni compromisos con nadie. “Pero Dios le dijo: ¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?. Lo mismo le pasa al que amontona para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios”.

 

3.-  NUESTRA SITUACIÓN ACTUAL  ANTE LOS BIENES DE LA TIERRA Y LAS EXIGENCIAS SABIAS DEL EVANGELIO.

 

Vivimos en sociedades de consumo, inteligentemente manejadas por los expertos  en mercado técnica de los capitalistas empresarios y directivos de los sindicatos. Constantemente por la radio, la televisión y los medios impresos, se hace hincapié en tener, comprar y gastar sin medida. Muchos  se endeudan para tener primero los celulares y televisores, aunque se pasen aprietos en tener alimentos  y vestidos para subsistir y vivir bien con decoro y dignidad. Sabemos por las experiencias  constatadas de los afanes de avaricia, para tener mucho dinero, armas y actuar criminalmente para poseer más y más a costa de asesinar,  extorsionar y ambicionar sin límite ni freno.

 

Desgraciadamente, de esta manera, el corazón humano se crea muchos ídolos: el dinero es quizá el primero, pero junto a él están: El dominio y el poder, el placer sin medida,  el abuso de las drogas, el alcohol y  la vida sexual con todas sus variantes. Es muy peligroso absolutizar los bienes terrenos  exponiéndose a perder esta vida y no alcanzar la eterna.

 

4.-  CONLUSIÓN FINAL.

 

Mientras vivimos en este mundo con la única vía de salvación que es el amor a Dios y a nuestros prójimos, se hace necesario y muy conveniente, poseer y usar los bienes creados, como verdaderos instrumentos de servicio, donación generosa y desprendimiento, realizando la gloria de Dios y la propia y ajena salvación temporal y eterna.

 

¡A la luz de tu Palabra Señor, te pedimos en este día  hagas efectiva en nosotros y en los demás, la bienaventuranza de la pobreza efectiva y de espíritu y nunca sucumbamos a la idolatría de los bienes que Tú nos concedes como fruto honesto de nuestros trabajos y para el progreso integral de nuestras familias y pueblos!...

 

 

Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas, a primer día del mes de agosto de 2010.

 

 

+  Fernando Mario Chávez Ruvalcaba

Obispo Emérito de Zacatecas

 

 
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