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| Lectio Divina, Domingo 18º del Tiempo Ordinario: El verdadero sentido de lo que poseemos |
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Lucas 12, 13-21
¿Quién se dirigió a Jesús? ¿Con qué título se dirige a Jesús? ¿Qué le pide que diga a su hermano? ¿Con qué título se refiere Jesús a quien le pregunta? ¿Qué oficios o tareas menciona la pregunta con la que Jesús responde? ¿A quién se dirige enseguida? ¿Sólo a quien le pregunta o a las miles de personas que menciona 12,1? ¿De qué les pide que se aparten? ¿Qué razón da Jesús para que se aparten de toda codicia?
De los versículos 16-20 que se refieren a la parábola pregúntate: ¿Qué aclara el evangelio que dijo Jesús (v. 16)? ¿Qué pensó para sí mismo el hombre rico al ver que sus campos habían dado mucho fruto? Señala las acciones que pensó ejecutar aquel hombre rico. De acuerdo a lo que se dice para sí mismo o a su alma ¿Para cuántos años tenía bienes en reserva? ¿Cuáles son las cuatro acciones que menciona? ¿Con qué calificativo se refiere Dios a este hombre? ¿En qué noche le iban a reclamar el alma? ¿Qué le pregunta Dios? ¿
Señala, de acuerdo al v. 21, la frase “así es” ¿a qué se podría estar refiriendo? ¿Qué es lo que reprueba Jesús?
Lee los vv. 22-34 ¿Podrían estar relacionados con los vv. 12-21? ¿en qué? ¿Por qué?
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Para comprender mejor este evangelio es importante considerar, en primer lugar, que en el derecho hebreo se preveía el reparto entre los herederos. Se sugería como norma ideal que se conservara intacta la herencia en una vida común[1]; esta sugerencia lógica en una sociedad nómada presentaba dificultades en el ambiente sedentario. Aunque se preveía cierto tipo de repartos en la práctica se procuraba no realizarlos pues se pensaba que contradecía el ideal fraternal querido por Dios[2]. En el relato del evangelio se supone que al menos eran dos hermanos y que el papá había muerto; con mucha probabilidad quien interviene preguntando a Jesús es el hermano menor quejándose de que el hermano mayor se niega a realizar materialmente el reparto previsto por la ley. Recurre a Jesús porque en ese tiempo los rabinos tenían autorización para solucionar este tipo de casos; quizás por esto el personaje anónimo se refiere a Jesús como maestro.
En segundo lugar, la pregunta retórica que hace Jesús tiene como finalidad principal dejar claro que eso no le corresponde a él[3]. Desde la perspectiva de Lucas lo que este hombre desea es un reparto en su propio provecho; está dejando hablar a su propia codicia (cf. v. 15)[4]. La preocupación de aquel hombre era legítima pero no evangélica. Los bienes para Lucas sólo tienen sentido en la medida en que no apartan de Dios ni de los hermanos (9,25; 11,39-41). Por esto, es de fundamental importancia la indicación de Jesús “miren y guárdense”[5]; estos dos verbos indican la totalidad de la atención y la necesidad de una correcta actitud. No sólo se debe descubrir la codicia sino evitar caer en ella; sería como decir: “vean con claridad y no hagan…”, “pónganse listos y eviten hacer…”[6]. Esto se entiende mejor todavía si vemos estos versículos como complemento de 12,1-12; en el v. 1 (“guárdense de la levadura de los fariseos...) se había insistido en la importancia de no caer en la hipocresía, ahora (v. 15) en la necesidad de no ser codiciosos (“miren y guárdense de toda codicia…”).
La codicia o avaricia a la que se refiere el Señor (en gr. pleonexía) proviene de un verbo que significa “tener más que otro”, “desear más” con matices de privilegio; se relaciona con deseo de usurpar, con la sed de dominar. La razón que introduce Jesús abre literariamente el espacio para la parábola que se presentará a continuación. Las personas deben apartarte de toda codicia porque “aunque alguien posea abundantes riquezas, éstas no le garantizan la vida” (v. 15). La abundancia en Lucas no sólo se refiere a tener mucho sino sobre todo a tener de sobra (véase por ejemplo Lc 9,17; 21,4). En el fondo pues la codicia se referiría a acumular más de lo que tienen los otros haciéndolo de manera inadecuada y preocupándose por más de lo que se necesita para vivir.
Por último, Jesús presenta una parábola en la que el centro es el soliloquio del personaje[7]. Un hombre que de por sí era rico al tener una buena cosecha decide demoler sus graneros, edificar otros más grandes y reunir allí todo su trigo y sus bienes (v. 18)[8]. Este hombre se imagina la situación futura de tal manera que, al constatar que tiene muchos bienes para muchos años piensa que se dedicará a descansar, comer, beber y banquetear (v. 19). Aquel hombre había comenzado a pensar en sí mismo solamente: mis graneros, mi trigo, mis bienes… De modo parecido las acciones futuras (comer, beber, banquetear) tienen una fuerte carga egoísta.
Se relaciona este tema con lo que evangelio había dicho anteriormente: “el hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien; y el malo, de su mal tesoro, saca el mal; porque es de la abundancia de su corazón de lo que habla la boca” (6,45); también se había dicho: “¿de qué sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde y se arruina a sí mismo?” (9,25). Y en un texto inmediatamente anterior se había afirmado contra los fariseos: “…pero el interior de ustedes está lleno de rapacidad y de malicia. Insensatos…, den más bien de lo que está dentro como limosna y he aquí que todo será para ustedes (11,39-41). El hombre de la parábola cae en una contradicción; mientras Dios lo ha bendecido él mal corresponde con acaparamiento, avaricia y egoísmo. En el fondo el comportamiento absurdo de aquel hombre refleja una actitud del tiempo de los primeros cristianos que aparece reflejada en una famosa inscripción de Sardanápalo: “Había grabado en su tumba con caracteres asirios: Sardanápalo, hijo de Anakyndaraxo, construyó Tarso y Anchialé en un solo día: come, bebe y haz el amor, ya que lo demás no vale nada”. La búsqueda de la felicidad por parte del hombre de la parábola estaba totalmente errada; no es la adquisición desmesurada y en el disfrute egoísta donde está la felicidad.
El personaje de la parábola imagina un porvenir feliz; al menos desde su perspectiva. Sin embargo, el texto introduce la descripción de aquel el hombre en una sola palabra: “necio”. El calificativo hace referencia en la tradición sapiencial al que no sabe vivir de acuerdo a la sabiduría de Dios; es decir, al que pretende vivir sin tomar en cuenta a Dios y atropellando a sus hermanos. De acuerdo al v. 21 es necio e insensato “el que atesora riquezas para sí y no se enriquece en orden a Dios”. A la intensidad del calificativo de “necio” se le agrega la incapacidad para darle sentido a su vida. Aquel hombre que tenía reserva para muchos años ¡irónicamente no tenía muchos años de vida! ¡ni un día! Ahí también radicaba su insensatez.
Por lo anterior podemos decir que el evangelio quiere dejar suficientemente claro que el discípulo de Jesús debe estar suficientemente atento y cuidadoso para no ser codicioso, es decir, para no desear tener más a costa de la desgracia de otros, del olvido de Dios y de la propia felicidad. El evangelio que en otras ocasiones ha dejado claro que el dinero es un peligroso rival de Dios; ahora señala que incluso los bienes conseguidos de manera adecuada pueden ser un obstáculo para la felicidad si se les da una importancia inadecuada.
Este peligro se manifiesta en la búsqueda egoísta de la felicidad y en el olvido de la temporalidad. El olvido del sentido de las cosas y la pérdida de la conciencia de que no se es dueño de la existencia conducen a la insensatez.
Las cosas conseguidas, aún de buena manera, aprovechadas al margen de los hermanos y de Dios pierden totalmente su sentido par ala vida personal.
¿En qué me hace reflexionar este evangelio?
De acuerdo a lo comprendido anteriormente ¿qué significa ser codicioso? ¿Por qué es mala la codicia?
¿En qué me hace reflexionar este evangelio respecto del sentido con el que debo aprovechar las cosas que voy consiguiendo? ¿En qué me hace pensar con relación al sentido de la existencia?
¿Qué dimensión o sentido le debo dar a lo que tengo (cosas, logros, éxitos…) para que realmente sean una riqueza ante Dios y los hermanos?
Hagamos una oración personal y/o en grupo que se relacione con los elementos meditados anteriormente.
Pensemos en las cosas que poseemos ¿Las hemos conseguido de manera adecuada sin cometer algún tipo de injusticia? ¿Las hemos aprovechado pensando egoístamente en nosotros o las hemos puesto al servicio de las personas que nos rodean? ¿Nos han apartado o distraído de Dios?
Tengamos presente estos años que hemos vivido ¿Realmente lo hemos hecho con sentido o sólo la hemos ido pasando de manera inconsciente?
¿Nuestros éxitos, logros y las cosas que poseemos realmente nos ayudan a vivir de manera fraterna o, por el contrario, remarcan nuestro egoísmo? ¿Qué podemos hacer para darnos cuenta que la felicidad está en vivir como verdaderos hermanos y como auténticos hijos de Dios?
[1] Así lo expresa el Salmo 132,1 (133): “¡Qué agradable y delicioso es que vivan juntos los hermanos!” (versión de los Setenta). [2] El hijo mayor gozaba del derecho de primogenitura; recibía el doble de sus hermanos especialmente en bienes inmuebles. Sin embargo, tenía la responsabilidad de atender al mantenimiento de las viudas así como de las hijas que se habían quedado solteras. Aunque no era bien visto uno de los hijos podía pedir en cualquier momento que se efectuara la repartición de los bienes (Lc 15,12). [3] No se trata, como han dicho algunos, de una separación entre lo material y lo espiritual; tampoco se refiere al pensamiento zelota que proponía inaugurar la distribución escatológica de la Tierra Santa. [4] Esto también se indica indirectamente al presentar a Jesús refiriéndose a él como “hombre”; es una expresión que significaría algo así como “!eh, tú!”. [5] No debemos pasar por alto el cambio de interlocutor; mientras que en el v. 12 “uno de la gente” conversa con Jesús, en el v. 15 la indicación se refiere a muchos más; quizás no a toda la cantidad de personas que se mencionan en 12,1 pero sí a un sector que va más allá de un diálogo entre dos personas. [6] Para el uso de estos verbos en Lucas véase Hecho 12, 4; 23, 35; 11,18; 18,21; 7 ,53; 16,4; 21,24. [7] En la literatura cuando un personaje es presentado hablando solo (soliloquio) se pretende desvelar el carácter del personaje, sus preocupaciones e intenciones. [8] El evangelio no dice siquiera que los bienes hayan sido mal adquiridos; sólo afirma que era rico y que le fue muy bien en una cosecha. Lucas en esta ocasión no quiere señalar la maldad de una riqueza adquirida de manera injusta sino el peligro de cualquier tipo de posesión. |
| Actualizado ( Viernes, 30 de Julio de 2010 17:06 ) |


