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| Jesús sana y devuelve la vida |
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Jamás nos cansaremos de admirar a Jesús y de hablar de las maravillas que realiza en bien de los seres humanos. En este domingo 28 de julio del año del Señor 2009, decimotercero del Tiempo Ordinario de la liturgia católica, el evangelio de san Marcos (5, 21-43) nos narra en un solo relato dos impresionantes milagros de nuestro Señor Jesucristo: «Cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se le acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: ‘Mi hija está agonizando, ven a imponerle las manos para que se cure y viva’. Jesús se fue con él y mucha gente lo seguía y lo apretujaba. Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada».
La mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se postró a sus pies y le confesó la verdad: Jesús la tranquilizó, diciendo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad». En ese momento, llegaron unos criados de la casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: «Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?». Jesús le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que tengas fe». Jesús se dejó sólo acompañar de los papás de la niña y de sus apóstoles Pedro, Santiago y Juan. Cuando llegó a la casa y escuchó el llanto de los dolientes, Jesús les dijo que la niña no estaba muerta sino solamente dormida. Como ellos se reían, los echó fuera y entró con sus acompañantes a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: «Óyeme, niña, levántate». La niña ya tenía doce años. Se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados y Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.
La fe en Jesús produce la salud y devuelve la vida. Los primeros cristianos difundían el recuerdo de los prodigios espectaculares realizados por Jesús. Marcos nos recuerda que los milagros de Jesús estaban siempre ligados a la fe. La fe es algo difícil, pues debe ir más allá de las apariencias: Jairo debe afirmar su total confianza en el Señor, en un momento en el cual todo lo impulsa a desesperarse. La mujer enferma del flujo de sangre debe pasar del legítimo interés de su curación a una relación más cercana con el Maestro para ser plenamente salvada. Jesús es el Emmanuel, el Dios con nosotros, que nos exige la fe para ser sanados de nuestras enfermedades y para darnos la vida natural, espiritual y eterna.
+ Hipólito Reyes Larios
Arzobispo de Xalapa
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